La historia

En PERGAMINO, bajo un cielo que parece escuchar, nació en agosto de 2001 un chico que pasaba horas imaginando luces y faders en su cuarto. Manu Pavez empezó como empiezan los sueños: cerrando los ojos. La electrónica lo llamó temprano, pero antes probó con rap y trap; ahí aprendió a medir el pulso de una frase, a contar una historia con el ritmo. Esos intentos no fueron desvíos: fueron la primera brújula.

Hubo un momento bisagra: la irrupción de un sonido que su entorno no terminaba de entender. Lo que para muchos era ruido, para él era posibilidad. La energía post-Skrillex le mostró que la música puede romper cadenas y que los timbres también hablan. Ese asombro quedó pegado en la piel: la misma sensación que le provocaba el dubstep, hoy la experimenta cuando compone.

A los 19, abrió Ableton y el cuarto se volvió laboratorio. Noches de loops infinitos, kicks buscando su sitio, bajos precisos como respiraciones y texturas melódicas que entraban de puntillas. Entendió que su tarea no era solo mezclar: era contar. Nació entonces su manera de decirle al público lo que siente: frequency storytelling.

Desde ese día, cada track es una escena y cada set, un viaje: del warm-up elegante al prime time hipnótico, sin excesos, con tensión en progreso. El objetivo no cambió: dejar huella en su ciudad natal y luego en el mundo. Porque el interior también exporta identidad. Y porque cuando la música encuentra su voz, la geografía se vuelve punto de partida.